El tiempo nos pone a debatir sobre lo que somos y queremos de nosotros mismos. Pero en su empleo el ajetreo diario nos lleva a sintonizarlo bajo los mismos rudimentos comunes a todos: el trabajo, el esparcimiento, las horas de sueño, y poco más.
¿Cómo comenzó la rebelión? No se sabe. Quizá porque se dijo basta ante tan miserable pesadilla. Quizá porque desde el orden ahora sí les nació la obligación de poner orden.