La dificultad de cómo leer a los muertos, que es lo mismo a cómo leer la muerte, nos hace escapar de la frialdad que impone la distancia sobre los personajes.
La revisión entre lo que fuimos u otros hicieron y la mirada que hoy tenemos hace justicia en muchos casos, aunque en otros se convierte en una contradicción o una treta maniquea.