El tiempo nos pone a debatir sobre lo que somos y queremos de nosotros mismos. Pero en su empleo el ajetreo diario nos lleva a sintonizarlo bajo los mismos rudimentos comunes a todos: el trabajo, el esparcimiento, las horas de sueño, y poco más.
La revisión entre lo que fuimos u otros hicieron y la mirada que hoy tenemos hace justicia en muchos casos, aunque en otros se convierte en una contradicción o una treta maniquea.