Así estamos, enhiestos, plantando cara al vendaval, desconfiados de que en algún momento se transforme en brisa. Predispuestos a no cargar sapos ni beber veneno ajeno.
¿Cómo comenzó la rebelión? No se sabe. Quizá porque se dijo basta ante tan miserable pesadilla. Quizá porque desde el orden ahora sí les nació la obligación de poner orden.